Códices · Lectura breve

Fragmentos. Dosis de lectura corta.

Doce pasajes de los tres códices, cada uno autónomo, 3-5 minutos. Entra por la puerta pequeña; si la voz te sostiene, el códice entero te espera al otro lado del enlace.

Sello · Ancorath 3 min

No soy archivista. No soy guardia.

Serna — Prólogo

No soy archivista. No soy guardia. No soy nadie que la Orden haya considerado necesario documentar. Tengo un nombre en un registro que nadie quiere leer: la sección de Cedentes Voluntarios. Eso significa que entregué a alguien. Que lo hice de forma voluntaria. Que firmé.

Escribo esto porque nadie me lo ha pedido. Y precisamente por eso.

He vivido cuarenta y tres años en el Quinto Anillo de Ancorath. Trabajo como tejedora. Tengo una ventana que da al norte. Desde esa ventana se ve la torre de vigilancia del Primer Sello, a tres kilómetros exactos. Lo sé porque lo medí una vez, cuando aún pensaba que la distancia importaba.

Desde entonces he aprendido que tres kilómetros es la distancia exacta a la que puedes ver la luz de la torre sin oír los gritos.

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Sello · Ancorath 4 min

Tres kilómetros exactos

Serna — Acto I · 1

Ancorath tiene cinco Anillos. El Primero es el Corazón Sellado, donde está el Nexo, donde trabajan los Selladores, donde mi hija duerme o no duerme. El Segundo son las Torres de Vigía. El Tercero es la Ciudad del Deber, donde viven los que tienen cargo en la Orden. El Cuarto son los Campos de Éter. Y el Quinto es donde vivimos los demás.

Los demás. Así nos llaman. No con desprecio: con la distancia que se le da a lo que no necesita estar más cerca.

Por las noches paso lo que los otros Anillos llaman "la Red". Los filamentos. Los míos ya no reaccionan con tanta fuerza — a mi edad se amortiguan, dicen los médicos, aunque "amortiguar" no es la palabra que yo usaría. Pero cuando una Cuadrilla de Selladores pasa corriendo por debajo de mi ventana, camino del Segundo Anillo, siento algo. No es dolor. Es como si alguien tirase de un hilo que tengo cosido al pecho y lo soltase de golpe. Dura un segundo. Y en ese segundo, toda la calle se calla.

Todas las madres del Quinto Anillo saben qué significa ese silencio. Significa que hay una grieta nueva, o que una vieja ha empeorado, y que alguien está corriendo hacia ella.

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Sello · Ancorath 5 min

Las cartas de Mareen

Serna — Acto II · 4

Mareen me escribió su primera carta a los dos meses de entrar en la Orden. Tenía trece años. La letra era la que yo conocía: grande, desordenada, con las eses que se le iban para arriba porque escribía demasiado rápido. Me escribió un dibujo al final: una torre con una luz encima. Debajo puso: "Esto es lo que veo desde aquí."

La tercera carta me llegó ocho meses después. La letra era distinta. No era la letra de Mareen. Era una caligrafía limpia, regular, sin personalidad. La clase de letra que te enseñan cuando la tuya no es lo suficientemente oficial. Firmaba "Mareen, Aprendiz de la Orden, Sección Cuarta."

No firmaba "tu hija".

La última carta la recibí hace doscientos doce días. Decía que Mareen había sido asignada a una rotación de guardia en el Primer Anillo. Que la Orden agradecía su servicio. Que el contacto epistolar quedaría temporalmente suspendido por motivos operativos.

No he vuelto a recibir nada.

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Sello · Ancorath 4 min

La torre apagada

Serna — Acto III · 3

Fue hace cuarenta y tres días. Una noche de martes, si es que los días de la semana importan cuando lo que te despierta no es un sonido sino una ausencia.

Me desperté y supe que algo faltaba. No fue un ruido. Fue lo contrario: la desaparición de algo tan constante que había dejado de notarlo. La luz de la torre.

Los registros oficiales, que vi después, dicen que fueron once minutos. Once. No dos horas. Once minutos exactos. Lo sé porque el informe lo dice con esa precisión que la Orden usa cuando quiere que un número sustituya a una explicación.

El informe oficial dice: "Redistribución de Éter de emergencia. Sin bajas."

No fui al cuartel a preguntar. No hice nada de lo que una madre debería hacer cuando la luz que vigila el sitio donde está su hija se apaga en mitad de la noche. No fui porque en Ancorath las madres del Quinto Anillo aprendemos una cosa que nadie nos enseña: que hay preguntas cuya respuesta es peor que la pregunta.

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Cosecha · Umbralios 3 min

Este cuaderno no es un informe

Drev — Prólogo

Este cuaderno no es un informe. Los informes tienen número de registro, firma institucional, sello del Consejo de Administración de Éter en la esquina superior derecha y un campo para cada dato que el sistema necesita. Los informes son lo que hago. Lo que hago bien. Lo que hago mejor que nadie, según la última evaluación de rendimiento.

Este cuaderno es otra cosa. No tiene número. No tiene sello. No tiene campo para nada de lo que voy a escribir aquí, porque el sistema no tiene campo para lo que voy a escribir aquí.

Empecé este cuaderno hace dos años, después de terminar el informe de evaluación de un mundo llamado Feris. Un mundo pequeño, con un Nexo estable y una población concentrada. Mi informe le asignó un porcentaje de extracción del ochenta y siete por ciento.

Y luego hice algo que no hacía siempre. Busqué en los archivos históricos si Feris tenía nombre propio antes de entrar al sistema. Lo tenía. En su propio idioma se llamaba algo que traduce aproximadamente como "El mundo de las mareas de Éter".

Feris entró en extracción máxima cuatro meses después. No revisé los informes posteriores.

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Cosecha · Umbralios 4 min

Esas ya están registradas

Drev — Acto I · 1

Tenía seis años y extendí la mano para atrapar una gota. Brillaba. Era del color de las velas que mi madre encendía por las noches. Quería tocarla.

Mi padre me apartó la mano. Con suavidad. Una suavidad que era, en realidad, alarma.

"Esas ya están registradas."

No fue un golpe. No fue un grito. Fue una frase corta, dicha en tono normal, que contenía el mundo entero en el que iba a crecer. Esas gotas de Éter que caían del cielo no eran de nadie — eran del sistema. Estaban contabilizadas antes de tocar el suelo.

Un niño en Ancorath aprende que el deber duele. Un niño en Umbralios aprende que todo tiene dueño.

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Cosecha · Umbralios 5 min

El informe que firmé

Drev — Acto II · 5

Vuelvo a Feris. No porque sea el peor informe que he firmado. Probablemente no lo es. He firmado cientos. Vuelvo a Feris porque es el primero que no pude archivar.

Le asigné un ochenta y siete por ciento. Mi modelo de proyección indicaba que a ese porcentaje, el Nexo de Feris aguantaría más de dieciocho meses post-extracción antes de entrar en riesgo de inestabilidad. Es lo que el Consejo considera un resultado excelente. Es lo que en mi evaluación de rendimiento aparecería como "gestión óptima del riesgo".

Firmé. Cerré el expediente. Fui a casa. Cené con mis hijos.

Y luego, sin saber exactamente por qué, busqué en los archivos históricos si Feris tenía nombre propio. Lo tenía. En su propio idioma — un idioma que no conozco y que probablemente no hable ya nadie — se llamaba algo que los registros lingüísticos traducen como "El mundo de las mareas de Éter".

No sé qué pasó con Feris. Podría haberlo sabido — tengo acceso. Pero no lo hice. Por elección, no por prohibición. No lo sé porque elegí no saberlo. Y esa elección es lo más honesto que puedo decir sobre mí mismo.

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Cosecha · Umbralios 4 min

La pregunta de mi hija

Drev — Acto III · 3

El Día de la Cosecha es la celebración anual de Umbralios. Música en las plazas. Mercados temporales que se montan en los cruces principales. Discursos del Consejo sobre la prosperidad de Umbralios. Faroles de Éter colgados en guirnaldas entre los edificios, más brillantes que los de cualquier otro día del año.

Llevo a mis hijos cada año. Es lo que se hace. La menor siempre se duerme en mis brazos durante el discurso principal — tiene tres años y los discursos del Consejo no están diseñados para audiencias de tres años.

Este año la pregunta fue distinta. Estábamos en el mercado central, junto a la Terminal Siete. El puesto más grande vendía comida preparada — platos de seis mundos distintos, según el cartel.

Me tiró de la manga. Señaló el puesto de comida.

"Papá, ¿de dónde viene toda esta comida?"

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Reescritura · Nexivara 4 min

Tengo dos versiones

Issa — Prólogo

Tengo dos versiones de la muerte de mi hermano.

En la primera, murió en Veranthis. Fractura de cuarto nivel. Hace siete años. El equipo de extracción de datos del Instituto lo envió a documentar el comportamiento del Velo en una zona de colapso activo. Recuerdo la notificación: un mensaje del protocolo de bajas en campo, con el sello del Instituto en la esquina superior izquierda. Recuerdo que el té se había enfriado.

En la segunda, murió en Nexivara. Enfermedad. Dos años antes que en la otra versión. Nunca fue a Veranthis. Nunca trabajó en campo. Era maestro en el distrito de la tercera capa, y la enfermedad fue de las que no duelen mucho pero no se curan. Recuerdo la cama del hospital. Recuerdo que le sostuve la mano.

Ambas versiones tienen la misma textura. La misma carga emocional. El mismo peso exacto de realidad. No son como los sueños, donde algo se siente desenfocado. No son como los recuerdos falsos, que se deshilachan cuando los miras de cerca. He mirado ambos de cerca durante cuatro años. No se deshilachan.

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Reescritura · Nexivara 4 min

Las dos sombras

Issa — Acto I · 1

Soy Palimpsesto. Eso significa que tengo dos iris en cada ojo.

No superpuestos de la forma en que un visitante imagina — no es como mirar a través de dos cristales de colores. Es más parecido a tener dos canales de percepción funcionando al mismo tiempo, cada uno con su propio enfoque. El iris exterior — el que los demás pueden ver — es normal: color, tamaño, reacción a la luz. El iris interior es más pequeño, más denso, y tiene un brillo violeta que no viene de la luz ambiental. Se mueve. No con el ojo: en el ojo. Tiene texto.

Lo que el iris interior muestra es el código del Velo. Las instrucciones que sostienen la realidad. No lo llamamos "ver el Velo" — lo llamamos "leer el borrador". Porque debajo de cada superficie sólida, debajo de cada ley física que un visitante da por sentada, hay una capa de instrucciones que determinan cómo se comporta la materia.

Aprendes a ignorar una de las dos cuando eres niña. No por elección. Por necesidad.

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Reescritura · Nexivara 3 min

La versión que elijo

Issa — Acto III · 3

La investigadora joven me encontró en el archivo un martes por la tarde. Me preguntó algo que nadie me había preguntado directamente. No «cómo estás» ni «cómo lo llevas» ni ninguna de las variantes de cortesía que los compañeros del Instituto usan para rodear mi condición sin nombrarla. Me preguntó: «¿Cómo sigues funcionando?».

Intenté responder. Abrí la boca. La cerré. La abrí otra vez. Lo que quería decir era algo preciso. Algo que encajara en un informe, que tuviera un campo, que pudiera catalogarse.

Lo que dije fue otra cosa: «No elijo cuál versión es la verdadera. Elijo seguir catalogando sin saberlo».

La investigadora joven me miró como si esperara que continuara. No continué. Porque eso era todo. Lo que hay es esto: funciono. No a pesar de no saber — con no saber. El agujero está ahí. Las dos versiones están ahí. Las tres sombras están ahí. Y yo sigo bajando a la planta menos diecisiete a mirar la Regla Vacía, y sigo subiendo a mi escritorio a catalogar registros, y sigo abriendo el cajón donde están las dos fotos de mi hermano sin enmarcar ninguna.

No es resolución. No es aceptación. Es algo más simple y más difícil: es lo que queda cuando la certeza ya no es opción y dejar de funcionar no es una opción tampoco.

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Reescritura · Nexivara 5 min

Lo que recuerdo dos veces

Issa — Acto III · 4

Mi hermano. Lo que recuerdo de él:

Versión A: Tenía las manos grandes. Hablaba rápido. Se reía de mis informes de campo porque decía que escribía como si la realidad necesitara un formulario para existir. Eligió el mismo trabajo que yo. Fue a Veranthis. No volvió.

Versión B: Tenía las manos grandes. Hablaba rápido. Se reía de mis informes de la escuela — cuando yo era estudiante y él ya era maestro — porque decía que escribía como si la realidad necesitara un formulario para existir. No salió nunca de Nexivara. Murió en una cama. Yo estaba ahí.

Las manos grandes son iguales en las dos versiones. La risa es igual. La frase sobre los formularios es igual. Lo que cambia es todo lo demás.

Lo que no cambia es que está muerto. En ambas versiones, está muerto. Eso es lo único unívoco que tengo. Lo único que no se bifurca.

Voy a dejar ambas versiones escritas en este cuaderno. No como error. Como método.

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